Durante mi largo andar por caminos y senderos de esta vida, he notado que cuando mas cansada, sedienta y hastiada me sentía, Dios ha puesto pequeños vasos de agua que calman mi sed, materializados en afecto a través de personas que muchas veces nunca mas he vuelto a ver, duran lo suficiente para calmar mi sed y reconfortarme, mediante una conversación, una amistad relámpago, lo que haya sido es un gesto de afecto, que yo reconozco como el infinito amor de nuestro creador que no se olvida de sus criaturas cuando mas lo necesitan. Ahí es cuando vuelvo a sentir que todo es pasajero, que nada permanece, solo quedan recuerdos de sensaciones que se graban en el alma, soy un ser del universo, mi existencia fue desde siempre un proyecto de El, asi como la existencia de cada uno de nosotros, la vida es un gran regalo que no sabemos valorar ni apreciar en su medida y eso es por el libre albedrio que siento muchas veces ni tenemos idea para que sirve, aparte de la superioridad sobre todo lo creado que no nos ayuda en nada, mas bien nos perjudica porque creemos ser dueños "de" cuando en realidad somos parte "de" todo lo creado y esa pertenencia en conjunto convierte la vida en una sinfonia llena de color, aromas, sonidos, texturas, asi he aprendido a vivir mi vida a sentirla a traves de mis sentidos, que son el mas grande de los regalos: puedo ver, caminar, oler, oir, hablar, sentir en la piel el frio, el calor, la suavidad, sentir el sabor de una fruta, o la frescura del agua, es una forma mia de estar sola conmigo misma al robar minutos al tiempo haciendo una pausa que me permite asimilar con con menos dolor la idea de que la cuenta regresiva esta corriendo y mientras dura la pausa puedo olvidar la impotencia de no saber cuantos granos de arena quedan en el reloj. Porque afuera el mundo sigue girando y yo soy parte de el y de su loca carrera y por nada del mundo quiero abandonarla porque cada segundo que vivo siento que es un segundo que gano.