Fria noche de estrellas doradas

Durmió entre mis brazos
cubierto por mis lagrimas de emoción, de extrañarlo tanto
afuera un cielo brillante de estrellas cobijaba nuestro viaje a casa,
ver esa inmensidad de tu creación Dios mio, ver mi pequeñez
sentí que mis ruegos fueron escuchados.
Sentir su tibieza en mi regazo,
tan vulnerable,
tan confiado durmiendo en mi pecho,
quería parar el tiempo y no dejar jamás de arrullarlo
y abrazarlo.
Quise soñar que su peso ligero y tibio sobre mi vientre
fue mi embarazo y el mi hijo
quise soñar que mis entrañas le dieron vida y lo formaron
y mi cuerpo fue su refugio y protección,
quise gritarle a la vida mi dolor de no ser su madre biológica.
Una eternidad sin abrazarlo, sin escuchar su voz
y ahí estaba nuestro reflejo en la ventana, sus mejillas sobre mi pecho
dormido al calor de mi inmenso amor por el,
no pude evitar verlo como la primera vez que lo tuve en mis brazos
afuera las estrellas de esa fria noche brillaban en el cielo que mi Dios creó.










